sábado, 4 de diciembre de 2010

Manual para sobrevivir a fin de año

Si saliste a comprarte ropa y te encontraste con que todos los negocios venden guirnaldas y luces para el arbolito, tuviste que revisar el calendario, y recién ahí, papa-moscas, te diste cuenta de que “Estamos a fin de año!”; si te irrita empezar a cruzarte con esos falsos Papá Noél que insisten con su jo jo jo, y se visten con ropa tan ridícula como abrigada a pesar del calor (quien quiera profundizar este tema, puede revisar mi artículo sobre la inexistencia de este señor, más abajo en este blog); si de pronto te encontrás un viernes a la noche en una cena con gente que no sabe nada de vos (ni vos de ellos); si tu cansancio se mezcla con la extraña excitación del entorno y eso produce una irreprimible irritación, escuchame: no mates a nadie, no cometas locuras, no intentes suicidarte, no te la agarres con el colectivero que te frena siempre a diez metros del cordón ni con el auto que se caga en la prioridad del peatón. Hay salida. Si seguís gran parte de los consejos que te voy a dar, es posible que sobrevivas (y hasta tal vez disfrutes) del “problemático y febril” fin de año.

Lo primero que hay que recordar, es que el mundo no explota. Más allá de la proximidad de las vacaciones, la mayoría de las cosas no cambian. La humanidad continúa en vigencia año tras año, haciendo globalmente las mismas pelotudeces. Hubo esperanza en el resto de los planetas de que esta nefasta especie desapareciera en 2001, pero terminó siendo un chantaje más de la misma humanidad. Aparentemente, nadie en todo el universo está muy interesado en que desaparezcamos. Sólo EEUU, pero se sabe que necesitan del resto del mundo para seguir siendo el primero (sino miren esa película en la que cuentan lo que pasaría en el imperio sin mexicanos que vendan perros calientes en la calle ni que limpien los vidrios. El país colapsa!). Así que yo diría que en ese sentido no tenemos mucho de qué preocuparnos.
Descartada la cuestión del “fin del mundo”, pasemos a la idea más humilde y concreta del “fin de ciclo”. Para dar mi consejo sobre este punto les referiré una historia.
Hace unos pocos días, tomando una de esas cervezas cuyo burbujeo conduce inevitablemente a la reflexión metafísica, conversábamos con una amiga sobre esta cuasi imposición del “balance de fin de año”. En un ritual casi catártico, las dos descubrimos que la hipótesis del “mal año” (perdón por el abuso de comillas, gente!) era completamente caduca, porque el balance nos venía dando pérdida desde hace varios años, y el buen año había quedado sepultado en un viaje de egresados, o en cuarto grado, cuando nos parecía que los chips de la primera comunión eran realmente lo mejor de nuestras vidas. Gente, no quiero obligar a nadie. Sé que esto del balance entretiene a muchos y hay quienes aprovechan esto para lloriquear un poco al estilo Andrea del Boca y ligarse unos mimos. Nomás aclaro que a los que la listita les viene dando en rojo desde hace un buen tiempo, adhieran a la CAMPAÑA N° 1 POR UN FIN DE AÑO SIN BALANCES. Creemos que es sana, y que cuando se llega a la meseta de la vida, y antes de empezar a caer en picada, es apropiado dejar de bajonearnos justo a fin de año, cuando la vida por fin nos da una excusa para ponernos en pedo día por medio, para cancelar cenas molestas porque “justo ese día tengo otra cena”, y para soñar con irnos al Caribe, aunque finalmente terminemos en la pelopincho de un amigo.
Despejada esta segunda e importantísima cuestión, pasaremos a las minucias mismas del fin de año.

Como el facebook y el facebutt están de moda, vamos a hacer una aclaración de los que nos gusta y lo que no nos gusta, pa hacerme la moderna y de paso pa agilizar un poco la cosa.


Nos gusta:
• Aprovechar para decir que queremos a quienes realmente queremos, y nos bancaron todo el año, o un mes, o un día, o todos los años menos el que pasó.
• Hacer un regalito a la gente que queremos, y si no tenemos guita, usar la expresión “No tengo un sope”, que siempre es efectiva porque no sólo da cuenta de nuestra inferioridad económica, sino también de nuestra incapacidad de decirlo al derecho.
• Hacer planes basados en nuestros deseos, tanto para despedir el año transitado, como para recibir al venidero.
• Programar de antemano fiestas antes y después de las cenas navideñas (por lo general invadidas de niños) y findeañeras.
• Recibir al año próximo sin expectativas, y evitando esa frase traicionera de que “se va todo lo malo y viene todo lo bueno”, excepto que estemos pasando año nuevo con el mago Merlín o con el Hada Madrina. En ese caso, cópense e invítenme a mí también, que siempre quise saber por qué se ortivó con la Cenicienta y le dijo “Hasta las doce” la noche más importante de su vida.
• Agarrarse una buena curda, bailar, cantar de alegría y abrazar a quién se nos cante por una noche.
• Aprovechar el pedo para hacer insospechadas confesiones que al otro día nadie recordará (en mi caso debería dejar este comportamiento sólo para fin de año, lo que mejoraría mi imagen notablemente).

No nos gusta:
• Hacer regalos por compromiso, y terminar diciendo “No tengo un sope” después de navidad y antes de año nuevo.
• Hacer cosas por obligación, justificando el capricho de parientes tiranos que ni siquiera recuerdan nuestro cumpleaños.
• Esperar que el año próximo realice milagros por sí solo, sin nuestra activa intervención.
• Llamar a gente que no nos importa realmente, sólo para quedar bien.
• En fin, no nos gusta UN FIN DE AÑO CARETA.


Por mi parte, les digo que aplicando mis propios consejos, adhiero a la campaña sin balances, mientras organizo una fiesta de noche buena, y planeo recuperar mi óptimo nivel de alcohol en sangre.
Entre los que me bancaron, están todos ustedes, que leyeron tooooodos mis santos disparates, y todavía no se cansan.
Gracias por el aguante!!!!, y que tengan un hermoso fin de año!!!!
Los quiere,
Anet.

4 comentarios:

Daniela dijo...

Impecable, como siempre, Maranga. Te banco absolutamente en esa.
Con respecto al hada madrina, te cuento que hay pruebas bastante contundentes que avalan la teoría de que el hada madrina de la Cenicienta era Duhalde con un par de alitas de cotillón y si no me creen, recuerden la veda horaria para los boliches en la provincia de Buenos Aires. Say no more.
Dany

veredas rotas dijo...

Por qué Duhalde está siempre detrás de todo!
Me cae mal ese tipo

Albertina dijo...

A mi no me preocupa tanto EEUU como China. Los chinos se las traen, empiezan con esos supermercaditos, te venden la mercadería vencida y te matan de a poco. Ojo.
Yo también brindo por un año sin balances y sin balanzas!!!!!!!

Anónimo dijo...

Me encantò tu blog: me reconciliò con la vereda rota de mi casa y decidì no gastar plata en arreglarla ya que alguien como vos puede llegar a considerarla un hecho artìstico. Con respecto a tu Manual, nenita: yo ya cerrè el balance en octubre y me dio bien, asì que ignorarè cualquier tentación al respecto. Y no te ortivés, no te ortivés, mocosa, pretendiendo otra cosa...Estela (la tía vieja)